
Los vecinos del Replà tienen el propósito de hablar de animales como figuras prominentes en el campo del LIJ. Por lo tanto, empezaremos hablando de un animal que dentro de las especies naturales de cánidos está clasificado como Vulpes vulpes (zorro rojo), o raposa o raposo, zorra o zorro, o incluso renard, que con todos estos sustantivos se llama. Sin embargo, con respecto a los adjetivos calificativos que componen su personalidad como protagonista de las fábulas, la cosa ya es mucho más matizada: taimado, embaucador, ingenioso, tramposo, lameculos, glotón, pispa, listo, astuto, atrevido, burlón, vagabundo, comediante y con un ingenio particularmente bien dotado para lo picaresco.
ANTIGÜEDAD: Desde el siglo VI a .C. unas cuarenta fábulas se atribuyen a Esopo, donde campa por sus anchas, siempre haciendo fechorías para su propio beneficio, aunque a veces sea castigado. Trescientos años después, se puede ver que el eco de sus acontecimientos ha llegado a la India con el Panchatantra (300 a.C), aunque el personaje ha cambiado de piel, pero no de familia, y en la traducción catalana de 2003, tan cuidadosa, lo llaman chacal (Canis aureus). Lo cierto es que muchas de las fábulas del zorro en el Panchatantra toman nueva prosperidad con la versión que, desde el árabe – que lo traduce del sánscrito – auspicia Alfonso X en el sabio, en 1251, con Calila y Dimna, en donde el zorro ya juega un papel estelar, junto al lobo.
Allí se puede ver que el comportamiento escurridizo y malévolo del zorro se utiliza en las fábulas de la antigüedad como ejemplo para aprender acerca de lo que es positivo y lo negativo, en una dicotomía narrativa que rara vez emplea a más de dos protagonistas de naturaleza contrastante: fuerte/débil; bobo/listo; crédulo/embaucador, etc…
BAJA EDAD MEDIA: Quién conocía estas fábulas dialécticas lo suficientemente bien fue, Ramon Llull, que, en su más que magnífico LLibre de les bèsties (1287-89), nos habla del poder y su corrupción, de las ambiciones y tretas llevadas a cabo por el León, la Leona, el Caballo, el Oso, el Leopardo y sobre todo Na Renard (el zorro) cuando los animales se reúnen para elegir rey.
Aunque este libro ofrece claramente una enseñanza moral de lo más adecuada para una sociedad feudal (la etimología de moral proviene del latín mos/moris, que significa costumbre), tiene el mérito de ser presentado como una historia novedosa, y ya no se limita a ser una fábula corta, sino tan extensa y llena de aventuras, experiencias y personajes como será otra obra maestra del mismo tiempo, el famoso Roman de Renart,(1.300.aprox) donde los especialistas creen en adivinar la autoría conjunta de muchas personas, probablemente juglares que pasaron por villas y cortes, explicando, cantando y representando los dichos y hechos de nuestro ya consolidado protagonista (que puede ser macho o hembra según el lenguaje que lo menciona).
Sin embargo, es necesario no perder de vista que son super poquísimos quienes leen sus hazañas en los libros. Las pocas personas destinadas a aprender a escribir y leer lo hicieron gracias a las fábulas de Esopo y todos los demás y se inspiraron para reescribirlas a su manera, como hizo el Príncipe Don Juan Manuel con el Libro del Conde Lucanor (1331-35), o Geofrey Chaucer con The Canterbury Tales (1387).

Pero mientras tanto, la gran mayoría de la población repitió las historias del zorro y sus oponentes generación tras generación, porque la narración oral imperaba en todas partes, con un esplendor sin precedentes hoy en día. Y esta oralidad fue muy apropiada para el quehacer de las compañías de teatro itinerante que visitaba las aldeas esporádicamente entrelazando y actualizando su contenido.
¿Por qué? Pues porque las fábulas de animales tenían una doble lectura cuando se representaban en las plazas de los pueblos. En las fábulas, el león es un mandamás inapelable; el lobo un personaje engreido y arrogante; el oso es un bruto sin escrúpulos; caballos y otras bestias domesticadas son los administradores leales de la tríada del estado, del poder militar y del económico representado por leones, osos y lobos; conejos, ratones y bichos marginados son sus víctimas… ¿Y el zorro? Bueno, nuestra amada zorra parece ser la única capaz de enfrentarse a ese grupo de podridos y, además, de aprovecharse de ello. Es decir: encarnaba los anhelos del pueblo. Como en aquel entonces (Dios nos libre de decir que ahora y aquí también…) se corría el riesgo de ser encarcelado si en medio de la plaza pública decías que el rey era un déspota, el alcalde un explotador, los militares matones sin cerebro, etc., era más sutil pretender que todos estos adjetivos pertenecían a supuestos animales que a personas de carne y hueso.
El pueblo bajo proyectaba en el individualismo rentable del zorro algunos deseos bien compartidos por la mayoría y por lo tanto no debe sorprender que se repitieran sus anécdotas (no toda la obra literaria de pe a pa) dando lugar aquí y en todas partes a un corpus de tradición oral que, muy posteriormente, los folcloristas de los siglos XIX y XX serían los responsables de coleccionarlas por escrito (sólo en la compilación de Joan Amades hay más que cincuenta historias del zorro, dejando de lado proverbios y otras modalidades literarias)

EDAD MODERNA: Pero mientras tanto, a partir del período barroco, la obra de los intelectuales para aprovechar los argumentos de tradición oral y recrear su contenido de una manera brillante y personal dará frutos tan sabrosos como la recopilación de fábulas versificadas que llevará a cabo Jean de la Fontaine (de quien este año se celebra su 400 cumpleaños), exquisitamente traducida al catalán por Xavier Benguerel (1984). Proyecto y calidad que también permite destacar las obras de Félix María de Samaniego en Castilla o John Dryden en Inglaterra. Pero la obra del verso dedicada exclusivamente al zorro, tan extensa como magistralmente ilustrada, se debe a la pluma de Wolfang Goethe que, con Reineke Fuchs (1754), recrea el legado germánico medieval sobre el personaje. Así que estos títulos se convierten en un nuevo paso en la evolución de la zorra: de la fábula moral, a la narrativa sociológica medieval y la dramatización; y de la prosa al verso más culto. El zorro ha ido desde debajo de todo hasta los niveles más altos de la literatura. ¡Ha hecho un buen viaje evolutivo!
CAMBIO DE RECEPTOR: Pero… ¿y la infancia? Bueno, la infancia, desde la educación obligatoria en el siglo XIX, aprende a leer y escribir con las historias y fábulas de todos los tiempos (las famosas cartillas… y esos ingenuos y bien intencionados «libros de lectura» o libros de texto escolares). A través de ellos y de las historias que pueden contarles en casa, la niñez asimila que la zorra es genial, una individualista, una pilla redomada… que tal vez despierta algo de envidia (¡vaya una, la zorra!) pero con quien los adultos dicen que no se deben tener tratos.

Hasta que Antoine de Saint-Exupéry, en 1943, en Le Petit Prince, hace del zorro su amigo. Definitivamente lo doma, o al menos, se lo propone. ¡Y con eso se ha producido un giro de 180º! Las páginas que Saint-Exupéry dedica al zorro son probablemente las más bellas del libro y las que han dejado una huella más profunda no sólo entre sus lectores, sino también, y es importante destacarlo, en la trayectoria literaria del protagonista de este post. El zorro ha dejado de ser un ser salvaje para convertirse en un civilizado maestro amigo . Es gracias a la enseñanza del zorro que el Principito descubre el profundo sentido de la amistad. Frases como: «No se ve bien más que con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos»; o «Eres siempre responsable de lo que has domesticado» se convierten en parte de la cultura y la educación contemporáneas. ¿O no?
Fantastic Mr Fox (1970) de Roald Dahl, texto mucho menos lírico y mucho más satírico que El Principito, seguirá permitiendo que los niños lectores se hagan amigos del astuto y simpático zorro, algo que aumentará si se les deja en sus manos el magnífico álbum sin palabras Le voleur de poule (2005) de Béatrice Rodríguez, donde si el raposo sigue merodeando por el gallinero lo hace exclusivamente por amor. Y donde la amistad y la fantasía, la realidad y la ficción, los sentimientos y la poesía están intercalados en la literatura de niños y jóvenes, es en la novela ganadora del último premio Guillem Cifré de Colonya: Arrecades d’avellaner, escrito por Montse Homs, y publicado en 2020 por Barcanova. donde la zorra Ketti no es tan sólo la mejor amiga de Lisa, sino que ya ha estado tan bien domesticada que ella misma es quien escribe y describe esta relación amistosa.
Y con este último botón de muestra, tan fresco y reciente, cerraremos, por hoy, el círculo literario de la raposa. Veamos qué nuevos giros le da la LIJ a este animal…
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