Llibres al replà

Esqueleto de ballena se hace más grande

Muchos niños a nuestro alrededor cuando los llamamos "el esqueleto de la ballena" vienen a la mente el Museu Blau, las escaleras de este museo de ciencias naturales en Barcelona donde brilla el esqueleto de un cetáceo encontrado en 1862 en las playas de Llançà.

Los de mi madre momia generación, cuando oímos llamar al esqueleto de ballena, no podemos evitar visualizar esto:

Y es que con veintiséis ediciones -si no me equivoco- el libro de David Cirici, El esqueleto de la ballena (Empúries, 1986) ha sido una lectura clásica de escuelas y bibliotecas, un paso importante en nuestro itinerario de lectura.
Con esta historia propuesta por una sociedad futura, el autor ganó el Premio Ramon Muntaner de literatura juvenil en 1986.
Por esas cosas aleatorias, o no, veintisiete años después, Cirici ha vuelto a ganar este premio, precisamente con una distopía que bebe directamente del mundo creado en El esqueleto de la ballena.

La cosecha literaria de David Cirici (Barcelona, 1954) de este 2013 ha sido francamente buena. Dos de los mejores libros publicados este año son obra de este autor catalán que siempre ha combinado su trabajo como escritor con otros en el ámbito de las letras y la comunicación: desde profesor de literatura hasta guionista y publicista.  

Por un lado, nos sorprendió Moss (Edebé, 2013), un libro que ganó el Premio Edebé de Literatura Infantil y que opta al Premio Atrapallibres de este año. Una historia tierna y dura al mismo tiempo, una aproximación para los niños de las consecuencias de la guerra a través de los sentidos de un perro.

Y por otro lado, como dijimos anteriormente, ha vuelto a ganar el Premio Ramon Muntaner de literatura juvenil con Zona prohibida (Fanbooks, 2013).M[En castellà  Zona prohibida. Algar, 2014]

ás allá del análisis que podemos hacer del libro, como novela independiente actualmente pensada y escrita, me parece que David Cirici nos da la oportunidad de hacer un ejercicio de cómo la literatura, los escritores y nosotros hemos cambiado como lectores, en los últimos treinta años.

Si recuerdas El esqueleto de la ballena, fue una obra a mitad de camino a través de la ciencia ficción y la novela realista, del descubrimiento. Ciento doce niños vivían aislados en una especie de escuela sin ningún contacto con el exterior. Allí todo estaba automatizado y sólo un teléfono de emergencia les hizo creer que había alguien más allá que los controlaba. Habían estado cerrados toda su vida, catorce años, de modo que su conocimiento del mundo se limitaba a lo que habían aprendido a través de hológrafos de sus maestros.

¿Aunque en el fondo de la historia llana siempre la intriga de por qué están cerrados? ¿Qué clase de mundo hay ahí fuera? ¿Qué descubrirán si abandonan la escuela?, la verdadera fuerza de la historia reside no tanto en la brutalidad del mundo donde viven los protagonistas, sino en su crecimiento personal.
Gran parte de la novela puede parecer la vida de los internados, que crean lazos de amistad, que juegan a saltarse las normas como buenos adolescentes, que buscan los límites de este mundo adulto que es desconocido para ellos. El descubrimiento de una escuela de niñas también representará el nacimiento del amor.

El ritmo del texto fue lo suficientemente lento como para que la narración se entretuviera para buscar imágenes simbólicas, ya sea en forma de esqueleto de ballena o en la figura de un pequeño robot que les enseñó a nadar y era lo más parecido a los padres que habían tenido.
Cirici buscaba constantemente referencia a las clásicas islas de la literatura, comparando a estos chicos con los náufragos y aventureros de Defoe y Verne.P
e
ro han pasado treinta años. Los lectores de 1986 no son los de 2013, ni sus referentes ni sus necesidades y habilidades literarias. Ritmo, estructuras, temas… de la literatura de los jóvenes se han transformado, adaptándose a una nueva narrativa, probablemente contaminada por la narrativa audiovisual. Hay un número significativo de estudios, como los de Gemma Lluch o Mireia Manresa, donde se teoriza este cambio, de esta necesidad de acelerar el ritmo de las historias, sorprender desde la primera página, de jugar con la estructura, acercándose seguramente al ritmo de la serie de televisión o a la lectura más fragmentada que los jóvenes hacen hoy en la red.

No soy un experto, pero sí tomo todos estos cambios en la lectura de Zona Prohibida y me imagino cómo David Cirici ha experimentado la re-visita de su libro, con todas las nuevas referencias culturales, cinematográficas y televisivas que le han traído treinta años de comercio.

Antoni Gars, Oriol Mussar… Ahora se llaman Daia e Inge, y son la esperanza de un centenar de niñas que -en la primera plana del libro-, sufren una catástrofe natural que les obliga a abandonar la seguridad de una escuela aislada para enfrentarse a un mundo desconocido e inhóspito. El ritmo se acelera, la narrativa se aprieta y toma un tono oscuro y angustioso. El peso de la historia radica en el descubrimiento de una nueva forma de poder y organización social que acecha en este mundo hostil y violento. U
n
libro vibrante, que he devorado, y que requiere una continuación. [Pren nota, senyor Cirici?]
¿Mejor o peor que el esqueleto? ¡diferente! Tengo la impresión de que la respuesta está en el año de nacimiento del lector.


Y para obtener más información sobre el libro, lea una reseña de Zona Prohibida en Point Today y una entrevista con el autor en la Ventana Digital.
En el blog de David Cirici podrás conocer mejor su trabajo como escritor y a través de su Twiter podrás estar en el caso de sus nuevas publicaciones.

Y una reflexión final:
Si el esqueleto de la ballena estuviera más cerca del Mecansocrit del segundo origen, la Zona Prohibida estaría en línea con las últimas distopías, más en sintonía con Los Juegos del Hambre, para entendernos.
¿Te imaginas que un día, por esas cosas de magia estelar, Manuel de Pedrolo hizo una reescritura de su Mecanoscrit, siguiendo la "moda distópica" de la novela juvenil del siglo XXI?


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