Llibres al replà

Música y literatura

Durante las próximas semanas en Llibres al replà hablaremos de música y literatura, y de los vínculos, relaciones y formatos que estas dos manifestaciones artísticas, capaces de expresar y provocar emociones, han adoptado a lo largo del tiempo.

Desde la antigua Grecia hasta la Edad Media, la música y la literatura fueron consideradas como una unidad. Cantar y musicalizar los textos ayudó a memorizarlos en una época en la que la transmisión era únicamente oral. Desde la era moderna y con el descubrimiento de la imprenta, las dos artes se empiezan a separar gradualmente. Esta división, sin embargo, se acentúa aún más con el movimiento romántico de Sturm und Drang. Es entonces cuando la música será considerada, por primera vez, el epicentro de todas las artes.

En la literatura infantil esta hegemonía romántica de la música también está presente en las primeras obras ilustradas para los niños. Por ejemplo, en 1886 en Francia, Louis- Maurice Boutet de Monvel publicó el libro Chansons de France pour les petits français. Un libro de canciones que contiene una novedad esencial: ilustraciones en color al servicio de la multimodalidad de la obra. Si bien era una pieza que sólo podía ser adquirida por las familias más burguesas, la obra es a menudo citada por académicos francófonos por ser un precedente de lo que hoy se consideran el libro-álbum.

En Cataluña, a finales del siglo XIX, se empiezan a publicar cancioneros infantiles ilustrados, normalmente carentes de color y utilizando la técnica del grabado. Uno de los primeros es el versátil Apel·les Mestres, seguido por otros artistas del momento como Aureli Capmany. Pero uno de los más innovadores en cuanto al estilo y disposición de las imágenes, y la impresión en color que recuerda a Boutet de Monvel, es el cancionero publicado por la compositora y pedagoga musical Narcisa Freixas y el pintor Pere Torné Esquius. Entre 1905 y 1918 Freixas y Torné Esquius publicaron varios libros como Canciones de niños y Piano infantil. En todos ellos tanto la música, las ilustraciones, así como los gráficos se combinan en una relación armoniosa como mencionan Joan Maragall, Josep Maria Folch i Torres o Carmen Karr en diversas reseñas publicadas en revistas de la época.

Portada de Canciones infantiles de Narcisa Freixas y Pere Torné Esquius

La guerra civil y los años de dictadura no ayudan a la consolidación de este género, ni, obviamente, la literatura infantil en general. Aunque podemos mencionar algunas excepciones como los cancioneros ilustrados de Josep Vinyals antes de la guerra, o ya en medio de la dictadura, las publicaciones españolas de Palmira Jaquetti con ilustraciones de Elvira Elías. Bajo el estricto control franquista, la editorial Joventut publicó Mis canciones (1943) y más tarde Aplec de non-nons i cançons (1948) recogida por Josep Gibert y también con ilustraciones de Elvira Elías.

Mis canciones de Palmira Jaquetti con ilustraciones de Elvira Elías

Durante los últimos años de dictadura y el período de transición democrática, los proyectos relacionados con la música y la literatura se multiplican. Artistas, músicos y escritores de la época estarán al servicio de la cultura y de las escuelas para crear nuevos materiales de acuerdo con los postulados pedagógicos y los cambios sociales del momento. La editorial Destino publica con Antoni Comes el Cançoner Català dentro de la colección «Llibres de lectura» (1971), e Ireneu Segarra crea el primer manual pedagógico de lenguaje musical (1975). La obra de Segarra, en formato italiano, es altamente innovadora en la historia musical catalana. Es el primer manual de aprendizaje musical para los más pequeños donde se incluye propuestas didácticas vinculadas a los movimientos de renovación pedagógica. Además estos manuales musicales se complementan con las ilustraciones de Montserrat Ginesta, dando así un espacio de diálogo entre canciones y la materialidad del libro como soporte. A partir de ese momento, el número de formatos y títulos se diversifica. Aparecen propuestas de libro-discos como las promovidas por el escritor Josep Maria Espinàs o las del grupo Ara va de bo.

Los vínculos de los artistas con los cancioneros se mantienen durante las últimas décadas del siglo XX, aunque los formatos cambian. Podemos mencionar entre éstos las aportaciones de Maria Eulàlia Valeri y Fina Rifà publicados por la editorial Juventud con la publicación de Cançons infantiles populares catalanes (1987), otras más recientes como las de Marta Balaguer, o el fantástico libro de Noemí Villamuza publicado por la editorial Media Vaca.

Libro de Nanas de Nomí Villamuza

La parte técnica, sonora y visual también cambian a lo largo de los años siguiendo las convenciones editoriales. Los discos son reemplazados primero por CDs, y actualmente por códigos QR o aplicaciones digitales. Sin embargo a finales del siglo XX, y especialmente a principios del siglo XXI, música, texto e imágenes se vuelven a unificar. Y esta unión tiene un promotor: el libro-álbum. Un nuevo género – o un nuevo soporte- multimodal que ha sido creado para ser leído en voz alta, y que incluye en su estructura componentes musicales como el ritmo, el sonido, la melodía y la prosodia. Durante las próximas semanas, mis vecinos del replà van a tomar el relevo unificando la música y el arte de la palabra.

Coda: La imagen de portada de este post pertenece al libro Concierto de piano de Akiko Miyakoshi publicado por Ediciones Ekaré.

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